Autor: Torkan » Domingo, 07 Octubre 2012, 18:14
SOMBRAS –Capítulo 3
A pesar de ser ya de madrugada, Barella seguía leyendo. “Soy un ave nocturna” solía decir.
Lo cierto es que le encantaba la tranquilidad de esas horas en que el bullicio del día en Tylisium se apagaba por fin. No viviría en ningún otro lugar de Ancaria, pero tenía que reconocer que era la ciudad mas ruidosa que había conocido. Y eran unas cuantas las que había visitado ya en su larga vida de elfa viajera.
A estas hora en cambio, todo era silencio, interrumpido tan solo por alguna risa apagada y la música lejana de alguna fiesta que duraba mas de lo normal y que ya iba terminando. Por eso oyó con claridad la fuerte y persistente tos que sonó en la calle. Una sonrisa acudió involuntariamente a sus labios.
Se levantó y acudió presurosa a la puerta, no quería que los criados se levantaran. Esperó unos instantes y abrió la puerta de golpe. Torkan estaba de pié en el umbral con un brazo levantado, a punto de llamar. Algo perplejo bajó el brazo.
-Barella, nunca dejas de sorprenderme
Con una sonrisa de medio lado y aire de superioridad, Barella se hizo a un lado en una invitación tácita para entrar. –Tú en cambio, no me sorprendes a mí.
-Te agradezco infinitamente que me recibas en tu casa, verdaderamente, te necesito esta noche. ¡No puedo mas! –Torkan penetró en la casa al tiempo que recorría el cuerpo de la elfa con la mirada. -¡Siempre tan encantadora! ¿Cómo lo haces?
-¡A ti te voy a contar mis secretos de belleza! ¡Anda, pasa! Y no hagas ruido, no quiero despertar a nadie a estas horas.
Mientras subían en silencio las escaleras hacia la suntuosa habitación. Barella pensaba en el comentario de Torkan: el era un semielfo y era imprevisible la forma en que envejecería. Los elfos se mantenían jóvenes hasta cumplir los 800 años aproximadamente, pocos alcanzaban esa edad, la mayoría morían antes en accidentes, guerras o en la barriga de algún monstruo. Los que lo conseguían, entraban en la madurez que por contra, era corta, de entre 200 a 300 años, y su aspecto cambiaba. Tomaban entonces una apariencia hermosa y distinguida que conservaban hasta su muerte. Los elfos y elfas maduros ejercían un fuerte atractivo sexual, mucho mayor que los jóvenes, y el hecho de ser pocos acrecentaba dicho efecto. Sin embargo, con la madurez disminuía su propio deseo sexual dándose la paradoja de ser sexualmente muy poco activos justo cuando mayor atracción provocaban.
Probablemente esa era la razón del éxito de los mestizos, su herencia humana les hacía tomar el aspecto maduro muy pronto, hacia los 40 años o antes, manteniendo en cambio el ardor de la juventud. Una combinación explosiva para cualquier elfo. Luego, eso si, algunos envejecían y morían muy jóvenes, antes de los 100 años, aunque otros heredaban la longevidad élfica y vivían muchos años sin envejecer hasta el final, pocos años antes de morir. ¿De que tipo sería Torkan? Barella tenía tratos con humanos y orcos y conocía por tanto lo que era la vejez, pero aunque, como buena comerciante, había aprendido a disimularlo, no lograba sobreponerse a la repulsión que le producía.
Con sus 565 años, ella aún tenía aspecto joven aunque conocía muchos trucos para parecer mayor y los usaba con destreza. Era una maestra en el arte del maquillaje y del acicalamiento, conseguía con facilidad ponerse años encima y aparentar una madurez que aún le faltaban muchos años para tener de forma natural.
En cuanto al semielfo, tenía que reconocer que le caía bien, aunque lo que realmente la volvía loca era el misterioso atractivo sexual que como mestizo, ejercía el cabrón aquel. Por supuesto, se cuidaba muy mucho de decírselo y solía tratarlo con cierto desdén, desde la superioridad de sus años y experiencia. Torkan siempre reaccionaba con cierta timidez, mostraba desconsuelo cuando ella fingía rechazar sus sensuales insinuaciones y enorme felicidad y agradecimiento cuando finalmente le aceptaba. Sin embargo, el tenía que ser consciente del enorme influjo que ejercía entre las elfas (y algunos elfos) y de que podía tener casi cualquier mujer que desease, si incluso se rumoreaba que había trabajado en un burdel antes de hacerse inquisidor, claro que las malas lenguas… Barella sospechaba que el fingía todo aquello, de modo que al final, su relación era una especie de juego. No importaba, a el le gustaba ella, eso era innegable, y se lo pasaban genial en la cama y también fuera de ella, la verdad. En cuanto a amor… eso era impensable. ¡Por los dioses, no con un mestizo!
Pero su amistad era sólida y bastante mal vista por la alta sociedad de Tylisium. A el no le importaba, por supuesto. En cuanto a ella, siempre había sido una rebelde, después pasó a ser considerada excéntrica. Pero como había acumulado una gran fortuna y era además la mejor maestra de runas del país, se le solían pasar por alto las rarezas.
-Me enteré de tu llegada, no se hablaba de otra cosa en la ciudad. En todos los corrillos se hacían apuestas acerca de cuanto iban a tardar en matarte. La mayoría pensaba que no pasarías del primer día.
-¿Qué apostaste tu?
-Ya sabes que me gusta arriesgar y jugar fuerte. Las apuestas a que durarías mas de una semana las pagan quince a uno, así que aposte a eso. Creo que soy la única.
-Bueno, solo porque somos amigos, procuraré que ganes.
Los dos se echaron a reír.
-Hablando de esto ¿Podrías darme algo de comer? Vengo de la fiesta que ha dado el Gran Inquisidor para “celebrar” mi regreso y estoy muerto de hambre.
-¿Vienes de un banquete y tienes hambre?- Barella puso cara de asombro.
No sabes lo difícil que es fingir que comes y bebes sin probar bocado ni tomar un sorbo. Llevo buena protección contra veneno, pero el viejo conoce recetas capaces de tumbar un gargantrópodo. No he querido arriesgarme.- Respondió Torkan con una sonrisa. –Hay límites a la armadura que proporcionan las reliquias, y el traje este de gala, el maldito set de Deylen, no protege una mierda.
-Pero estás guapísimo con el.
-Bueno, eso si- El mestizo sonrió ampliamente, encantado con el piropo. O al menos eso parecía. Una vez mas ella se preguntó si toda su actitud era fingida. No importaba, le encantaba producir ese efecto en el, aunque fuera falso.
Le trajo un exquisito refrigerio que Torkan empezó a devorar con un muy auténtico placer.
-Tu no comesh naa. Preguntó Torkan con la boca llena
-Temo que si acerco la mano al plato te la comas de un bocado.
-Eref una defsagadable.
-Tengo los anillos que me pediste.
-¿Lof de Nifel del enemigfo pada glpe moftal? ¡Juas! Erefs la mejor
-No lo dudes ni un momento, nadie mas habría sido capaz de fabricártelos. ¿Sabes lo difícil que ha sido?
-Pada ti no hay nada difícil. ¿Qué me vas a cobrar por ellos?
-Precio de amigo, tres millones tan solo- Torkan la miró de lado por debajo de las cejas. A ella le encantaba ese gesto. –Cada uno, por supuesto. –Torkan se atragantó con el bocado.
-¿Cada uno? ¡Menos mal que soy tu amigo!
-Pues si, porque no los hubiera fabricado para nadie mas. El proceso mágico para hacerlos es de lo mas asqueroso, por eso los pocos que hay en el mercado son tan birriosos. Solo porque insististe tanto los hice para ti, si no los quieres los tengo vendidos por el doble así que tu verás.
-Bien, bien. Puedo pagarlos, la expedición a Los Yermos ha sido bastante lucrativa. Pero me dejas en la ruina, como siempre. Entre tu y el herrero, nunca puedo ahorrar. Menos mal que cuando atracamos en Driades en el camino de vuelta me dieron un trabajito de cortar árboles muy bien pagado.
Ella ya sabía que el viaje desde Los Yermos no se podía hacer directamente costeando el continente, las fuertes corrientes y los peces mutantes lo impedían. Así que aunque la distancia de Tylisium era de unas pocas jornadas, la navegación debía realizarse bordeando la isla de las Dríades alargándose casi 3 meses.
-¿Cortar árboles? No te imagino cogiendo un trabajo de leñador.
-Bueno, estos se movían y zurraban bastante duro, tenían a los elfos de la colonia jodidos. Las dríades se niegan a hacer nada con ellos, dicen que son espíritus del bosque o algo así. Fueran lo que fuesen, caían bien con armas de daño de fuego. El caso es que me dejas pelado ¿No me puedes hacer una rebajita?
-De ninguna manera, los negocios son los negocios y no voy a permitir que te aproveches de nuestra amistad.
-Bueno, te los pago enteros. ¿Me podrás hacer luego un préstamo, por favor?
Barella sonrió. –Vale, eso si.
Torkan ya había terminado de comer, Barella se levantó y se acercó a su tocador, removiendo como distraídamente las joyas que tenía sobre el. Eligió un par de anillos y un colgante y se los puso mientras hablaban, como si estudiase que tal le quedaban, después se cambió los pendientes que llevaba por otros a juego. Inmediatamente, la mirada de el se encendió y empezó a recorrer su cuerpo, perdió el hilo de lo que estaba diciendo, intento recuperarlo pero le fue imposible. Se levantó y se acercó a ella cogiéndola por la cintura, bajó las manos recorriendo con voluptuosidad sus caderas. –Creo que ya hemos hablado mucho esta noche- dijo. –Si, yo también- Respondió ella.
Los maestros de runas guardaban muy en secreto lo muy poderosos que eran. Nadie de fuera del gremio lo sabía y divulgarlo hubiera sido castigado con suplicios atroces y la muerte al final. ¿Cómo a nadie se le ocurría que si eran capaces de fabricar los poderosos anillos que vendían, aún serían mas poderosos los que se guardaban para ellos? ¿Cómo nadie se daba cuenta de que pagaban precios desorbitados sin una protesta, al contrario, con felicidad? ¿Qué a nadie nunca se le ocurría robarles? ¿Qué podían estar en los lugares mas peligrosos y nadie les atacaba?
Los anillos que se había puesto aumentaban la pasión de quien estuviera cerca en un +65% cada uno, el amuleto subía su propio atractivo en un +120%, los pendientes que llevaba reducían la inhibición un -80% entre los dos. No era pues extraña la repentina reacción de Torkan, y es que Barella ya se había hartado de hablar.


Es mejor ser una hiena viva que un león muerto.
Pero es mucho mejor ser un león vivo.
Y también suele ser mucho mas fácil.